Responsabilidad directiva en las prácticas del Gobierno Corporativo

Por: Daniel Scandizzo, Director General ICDA, Universidad Católica de Córdoba - Jue, 19/04/2012

Daniel Scandizzo, Director General ICDA, Universidad Católica de Córdoba

Si las prácticas de Gobierno Corporativo constituyen el mecanismo más adecuado por el cual se puede dotar a la empresa de la garantía que necesitan los inversores para depositar su confianza en las decisiones de la gerencia, las normas de funcionamiento del consejo de administración, como máximo responsable de conducción de la empresa, adquieren vital relevancia. Sin embargo, no sería acertado suponer que éstas se derramarán casi con automaticidad hacia el resto de la estructura organizacional. El rol del alto directivo o primer ejecutivo toma, en este punto, un carácter primordial.
 
Al abordar el tema del vínculo entre el primer ejecutivo y el desarrollo de la organización el español Jordi Canals sostiene que, de manera paralela al pronunciado crecimiento de las empresas en Occidente durante las últimas décadas, la notoriedad y exposición de los primeros ejecutivos también ha manifestado un aumento vigoroso. Y en efecto, la realidad se encarga de demostrar esta aseveración: los máximos responsables de compañías globales se entremezclan junto con los líderes políticos, entre las personas más influyentes el mundo.
 
El citado autor asocia gran parte de la tendencia de crecimiento de la visibilidad del primer ejecutivo con las exigentes funciones que debe cumplir, dado el aumento significativo de la complejidad en la gestión de la empresa, señalando, además, que del alto directivo se espera que sea prudente, con condiciones de liderazgo, competente, con conocimientos y experiencia sobre la empresa y el sector, con capacidades de análisis, de síntesis, de venta, de comunicación, con criterio, con capacidad de escuchar y motivar, con capacidad de resistencia física y moral y que demuestre una conducta que pueda ser considerada ejemplar por otros.
 
No es necesario explayarse demasiado sobre la dificultad de conjugar todas las virtudes aludidas en una persona. La complejidad, como concepto que encierra imprevisibilidad en la interacción de factores y elementos exige líderes que satisfagan también múltiples objetivos. Esta necesidad ha elevado el perfil del alto directivo por encima de los consejos de administración y, en ciertas oportunidades, de la misma empresa.
 
Una revisión a la amplia bibliografía sobre Gobierno Corporativo reproduce de manera profusa las condiciones y características atribuidas a los cuerpos colegiados de conducción de una empresa para implementar y ejecutar mejores prácticas de gestión y control que transporten a la organización por la senda de supervivencia a largo plazo. Sin embargo, no presentan la misma generosidad los espacios de pensamiento reservados al perfil del liderazgo facilitador de la  consolidación y profundización del ejercicio del Gobierno Corporativo. ¿Alcanza con el líder carismático y  capaz de interpretar la complejidad? ¿Es suficiente contar con la visión necesaria para hilvanar negocios en ámbitos aún no explorados por la competencia?
 
Con frecuencia la figura del primer ejecutivo trasciende a la imagen de la misma compañía y su impronta es determinante para su futuro y para asegurar los cimientos de las prácticas de Gobierno Corporativo. Casos como los de Jack Welch en General Electric, Roberto Goizueta en Coca Cola o Carly Fiorina en Hewlett Packard constituyen sólo algunos ejemplos de la radiación que ejerce el alto ejecutivo sobre los designios de una empresa.
 
No otorgar al liderazgo un tratamiento preferencial en la prosa sobre Gobierno Corporativo, es pecar de asumir un enfoque parcial y, en el peor de los casos, sesgado.
 
Desde la esfera de la toma de decisiones, el alto directivo ayuda a orientar el futuro de la empresa y proteger sus activos e imagen. Por su parte, las obligaciones se corresponden con su responsabilidad por la prosperidad a largo plazo de la empresa y la rendición de cuentas a los accionistas. Las cualidades de liderazgo deberían alinearse con la gestión de los recursos de la empresa, la definición de los procesos de tomas de decisiones y el desarrollo de las personas dentro de la organización. En este sentido, la ética y los valores ya no son simples enunciados sino que deben ser asumidos por el alto directivo para asegurar la integridad de la organización y la adhesión de los miembros de la misma.
 
En suma, el perfil de desempeño del primer ejecutivo opera como una referencia obligatoria y con implicancias ostensibles hacia el contexto y hacia el mapa interno de la organización. Su visión, talantes y decisiones jugarán un rol determinante en el proceso de mejoras de las prácticas. Sin embargo, los fundamentos desarrollados en estas líneas aparecen como meros argumentos de declamación si no existe una sincera convicción acerca de su aplicación a la realidad de la empresa.
 
Gobierno corporativo es sinónimo de transparencia, información, garantías y respeto por y hacia los actores involucrados con la marcha de la organización. No constituye sólo un preámbulo de tareas, es una concepción diferente de gestión.
 
 
 
 

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