New BNamericas reports:IT Spending in Latinamerica 2009|The Vein to follow, HR Mining Study
Encontrar un MBA hoy no es tarea difícil. Una simple búsqueda en Google arroja más de 78 millones de páginas donde entretenerse buscando y, si lo que quiere es información en castellano, sigue teniendo casi dos millones donde regodearse. Acote su búsqueda por región o país, y verá que América Latina no se queda atrás.
Pero tenga cuidado. Tal como todo lo que brilla no es oro, no todo MBA tiene necesariamente un buen programa académico que lo respalde y puede que no sea el boleto al éxito que usted cree. “Desgraciadamente, el término MBA, Master of Business Administration, es el título de grado más abusado del mundo”, dice Jerry Trapnell, vicepresidente y jefe de acreditaciones de la Association to Advance Collegiate Schools of Business (AACSB), agencia con sede en Estados Unidos dedicada a la acreditación de escuelas de negocios en todo el mundo.
Hay un sinfín de estructuras y oportunidades asociadas a la palabra MBA que hacen muy difícil entender lo que realmente es, según Trapnell. Y es que la lista de adjetivos es interminable: los hay de dos años, de uno -y hasta de meses-, de tiempo completo, de tiempo parcial, ejecutivos, intensivos, internacionales, vespertinos, a distancia. Suma y sigue. Pero para Trapnell, el problema es que lamentablemente se ofrecen programas de muy baja calidad al alero de la palabra MBA con el solo objeto de ganar dinero y no de ofrecer un programa académico de calidad. Es ahí justamente donde entran en juego las agencias de acreditación, cuya misión es asegurar a los estudiantes un alto estándar educacional y, por sobre todo, que realmente se entregue lo que se está ofreciendo.
John Fernandes, presidente de la AACSB, precisa que “lo fundamental del proceso de acreditación es asegurarse que la escuela de negocios postulante a una acreditación de la AACSB tenga una misión clara y que esté dando los pasos correctos en esa dirección. No se trata de que una escuela quiera hacerlo todo; tiene que tener un enfoque claro”. Pero no hay que meter todo en el mismo saco.
Si bien la realidad en cuanto a acreditación es que apenas 9 -de las casi 2.000 escuelas de negocios en América Latina y el Caribe- están acreditadas por la AACSB, 21 llevan el sello de calidad de la británica Association of MBAs (AMBA) y otras tantas están certificadas por el European Quality Improvement System (EQUIS) de Bélgica, las tres agencias que destacan en este campo a escala mundial, nadie puede desconocer que son muchas más las universidades y escuelas de negocios de prestigio, calidad y tradición académica.
Jeannette Purcell, CEO de AMBA -la única que se dedica exclusivamente a la acreditación de programas MBA, doctorados en administración de negocios (DBA) y maestrías en negocios y administración (MBM)- destaca justamente la calidad como una de las fortalezas de los 55 programas que cuentan con la acreditación AMBA en la región, no solo en términos de malla curricular, sino del profesorado y por sobre todo del nivel que ven en los alumnos latinoamericanos. Es un hecho que la proporción de escuelas y programas acreditados con relación a la oferta total, si bien en aumento, sigue siendo muy baja.
Muchas escuelas de Latinoamérica tienen aún un enfoque muy local y, al contar con una sólida presencia de marca en sus respectivos países, no ven la acreditación como una necesidad (aclaremos que la acreditación es un proceso voluntario). Sin embargo, “en un escenario globalizado donde hay más de 12.000 escuelas de negocios en el mundo (según un inventario que se encuentra realizando la AACSB), cada vez son más las que buscan alianzas y sociedades con escuelas de otros países, por lo que es importante obtener el reconocimiento de sus pares y la acreditación es una de las formas de conseguirlo, si bien no la única”, sostiene Trapnell.
Así las cosas, agrega que “un estudiante no puede conformarse con saber que va a recibir un diploma con la palabra MBA para colgar en la pared”. No se trata de buscar el programa más corto, ni el más barato, ni el más flexible. Deben asegurarse que la escuela tenga una misión y enfoque claros, un profesorado de alto nivel que avale el programa académico que ofrecen -no solo en teoría sino en la práctica en el mundo de los negocios- y recursos, en términos de computadores, bibliotecas, infraestructura, etc. Además, las escuelas debieran poder informar a sus postulantes sobre quiénes son sus graduados, qué cargos ocupan y en qué empresas, y cuán exitosos son, concluye.