Trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Suena simple, pero para muchos se trata de una frontera difusa y esquiva. En Estados Unidos hablan del life-work balance, el preciado equilibrio entre el trabajo y la vida personal, un estado ideal donde puedes cumplir con tu trabajo en la empresa sin dejar de asistir a las presentaciones de tu hijo y a los partidos de fútbol con tus amigos. El gran problema es encontrar cómo hacerlo. "Es un tema importante, pero que no está resuelto en ningún lugar", enfatiza Fernando Fontes, director de relaciones externas del IE [1] en América Latina.
El académico sostiene que el problema es menos complejo en Europa y en América Latina que en Estados Unidos, donde conciliar la vida familiar y la laboral a veces es muy difícil. "Pero, en general, hay un estilo, una cultura empresarial que se ha exportado a todo el mundo donde el ejecutivo exitoso tiene que dedicar la mayor parte de su tiempo a trabajar para la empresa", cuenta.
Sin embargo, Luis Felipe Calderón, profesor y jefe del Área de Administración de la Universidad ESAN [2] de Perú, afirma que en Latinoamérica aún no existe un equilibrio adecuado: "Los ejecutivos tienden a trabajar demasiadas horas y en general privilegian el trabajo por sobre otros aspectos de su vida personal".
Las regiones del mundo donde más se trabaja son Asia -en especial los países del Lejano Oriente, como Japón, Corea del Sur y Taiwán-, Europa Oriental y América del Norte, incluido México. Dentro de las economías que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) [3], Corea del Sur es el país donde los trabajadores acumulan más horas laborales en promedio, seguidos por Grecia, la República Checa, Hungría, Polonia y Turquía. México se ubica en el séptimo lugar, mientras que Estados Unidos está en el noveno.
Algunas escuelas de negocios ya están incluyendo temas de life-work balance en sus programas. En el IE, Fontes señala que llevan "muchos años dando clases de Comportamiento Organizacional, que no es otra cosa que enseñar a nuestros alumnos a administrar su tiempo y a manejar su estrés profesional, de manera que rindan en sus empresas y al mismo tiempo puedan conciliar su vida personal. Pero no es tan difícil integrar esta materia en las escuelas de negocios, como sí lo es que las empresas lo entiendan y lo acepten. Porque de nada sirve si les enseñamos a nuestros alumnos esa conciliación si luego en las empresas donde trabajan no se lo permiten. Es un trabajo de todos: de las empresas, de las escuelas y por supuesto de las personas", destaca.
Al parecer, muchas empresas no han notado el potencial de este equilibrio, no solo para mejorar la calidad de vida y por ende del trabajo de sus empleados, sino también como señuelo para atraer a mejor personal. De hecho, el balance entre la vida y el trabajo es uno de los atributos más considerados en Estados Unidos a la hora de elegir un lugar para trabajar. Según el Corporate Executive Board [4], es el segundo más importante después del sueldo. Además, los trabajadores que sienten que han alcanzado ese punto de equilibrio suelen esforzarse un 21% más en el trabajo, comparados con aquellos que no lo han hecho.
Pero son pocas las organizaciones que han aprovechado esa oportunidad. Calderón confiesa que "la mayoría de las empresas latinoamericanas, e incluso muchas transnacionales, descubren que reduciendo el head count -nómina o plantilla laboral- de su empresa, los sobrevivientes harán todo el trabajo pues temen que en una nueva reducción de personal ellos podrían ser despedidos. De modo que se esfuerzan hasta el extremo con tal de cumplir con lo asignado, sacrificando otros aspectos de sus vidas", algo más frecuente tiempos de crisis como los actuales.
El académico agrega que "por el lado cultural, existe la fantasía de que trabajar más horas implica un mayor compromiso con la empresa lo que, lamentablemente, es premiado por los jefes al hacer la calificación de sus subordinados. Y junto con ello, para agravar las cosas, está la extendida creencia de que la sumisión al jefe es también otra forma de compromiso. Consecuentemente, quien demuestra estos dos tipos de compromiso con la empresa tiene mayores opciones de no ser despedido y de ser bien calificado".
Además de las malas prácticas al interior de las empresas, Calderón sostiene que otro factor agravante, que se ha ido importando a la región desde los países ricos, es la ideología que induce a creer que solo el éxito profesional y económico son sinónimos de éxito. "Impregnadas con este pensamiento erróneo, las personas sacrificarán cualquier aspecto de su vida personal, como la pareja, los hijos, el descanso, la vida social y espiritual, con tal de ascender en su puesto de trabajo y mejorar su salario", precisa. Al parecer, aún estamos lejos de alcanzar esa armonía.
Enlaces:
[1] http://www.ie.edu/
[2] http://www.esan.edu.pe/
[3] http://www.oecd.org/
[4] http://www.executiveboard.com/
[5] http://www.educamericas.com/node/6510